Yo iba muy feliz sentado en mi asiento en el metro. Sin embargo, mientras pasaban las paradas, se iba llenando el vagón y la gente me empezaba a rodear. Un tío me ha puesto el culo (yo creo que aposta) en la cara. Otra señora me tentaba con su ombligo al aire.
Quedan ya pocas paradas para bajarme, y me empiezo a rayar, a ver cómo narices iba a salir de ahí. No paraba de entrar gente. Yo ya me estaba agobiando. Miro a la del ombligo, me mira, e intercambiamos una sonrisita. Por fin logro ponerme de pie dos paradas antes de la mía, y me sitúo cerca de la puerta.
No se qué le pasa a la gente, pero al minuto yo estaba en la otra punta de la puerta. Me entraron ganas de gritar y subirme a caballito del de delante. Me llegué a plantear tirar de la palanca de emergencia cuando llegara mi parada. Era ya la siguiente.Veía la cosa muy negra...
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